Pekín ha modificado drásticamente el tablero geopolítico de los recursos estratégicos al aprobar un nuevo y ambicioso régimen de control sobre las tierras raras y sus tecnologías asociadas. Las nuevas normas establecen por primera vez un control extraterritorial, apuntando directamente a la cadena de suministro de industrias clave en Estados Unidos y otras potencias tecnológicas. Las dos disposiciones oficiales, emitidas por el Ministerio de Comercio de China, imponen un requisito de licencia de exportación para cualquier producto fabricado fuera de sus fronteras que contenga al menos un 0,1% de materiales de origen chino. Este movimiento amplía significativamente la influencia de Pekín, que ya no solo regulará lo que sale de su territorio, sino también lo que otras naciones producen utilizando sus insumos. Además, el gobierno chino ha prohibido la transferencia sin permiso de tecnologías clave para la extracción, refinado y fabricación de imanes, blindando su conocimiento industrial. La medida se enmarca en una estrategia de meses para reforzar su dominio sobre minerales críticos; en abril, ya había restringido la exportación de galio y germanio, esenciales para la fabricación de semiconductores. El nuevo marco regulatorio, que entrará en vigor de forma escalonada, afectará a sectores como la automoción, las energías renovables, la electrónica de consumo y la industria militar.
Las solicitudes de licencia para productos con destino militar serán denegadas, mientras que aquellas relacionadas con semiconductores avanzados e inteligencia artificial serán revisadas caso por caso.
Este anuncio se produce en un momento estratégico, justo antes de una reunión prevista entre Xi Jinping y Donald Trump, lo que sugiere un intento de fortalecer su posición negociadora al demostrar su control sobre recursos indispensables para la industria tecnológica y de defensa estadounidense.
En resumenCon sus nuevas regulaciones sobre tierras raras, China establece un control sin precedentes sobre la cadena de suministro global, exigiendo licencias para productos fabricados en el extranjero y protegiendo su tecnología. Esta medida representa una escalada en la guerra tecnológica y comercial con Estados Unidos, utilizando su dominio de minerales estratégicos como una poderosa herramienta de presión económica y diplomática.