La operación militar de Estados Unidos en Venezuela ha provocado una profunda división en la comunidad internacional y en la clase política mexicana. Mientras el gobierno de México, liderado por Claudia Sheinbaum, condenó enérgicamente la acción por violar el derecho internacional, figuras de la oposición y otros países celebraron la caída del régimen chavista. El gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), emitió un comunicado rechazando las “acciones militares ejecutadas unilateralmente” y urgió a la ONU a “actuar inmediatamente”. La presidenta Sheinbaum reafirmó la postura de no intervención de México, citando la Carta de la ONU y la doctrina Estrada, y declaró que “entre los individuos como entre las Naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”. El expresidente Andrés Manuel López Obrador rompió su retiro para condenar el “prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela y el secuestro de su presidente”.
En un mensaje directo a Donald Trump, advirtió: “Mande al carajo a los halcones; usted tiene capacidad para actuar con juicio práctico.
No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana”. Gobernadores de la 4T respaldaron esta postura. En contraste, partidos de oposición como el PAN y el PRI celebraron la caída de la “narcodictadura terrorista y comunista”. A nivel internacional, aliados de Caracas como Rusia, Irán y Cuba rechazaron la ofensiva, mientras que la Unión Europea y la OEA pidieron una desescalada y una solución pacífica. En la Ciudad de México, manifestantes protestaron frente a la embajada de EU, calificando la operación como una “agresión imperialista”.
En resumenLa captura de Maduro ha fracturado las posturas diplomáticas. El gobierno de México, junto a aliados de Venezuela, condena la intervención estadounidense como una violación a la soberanía, mientras que la oposición mexicana y otros actores internacionales celebran el fin de lo que consideran una dictadura.