El gobierno español ha aprobado una regularización extraordinaria que podría beneficiar a cerca de medio millón de migrantes en situación irregular. La medida está dirigida a quienes puedan acreditar al menos cinco meses de residencia en el país hasta el 31 de diciembre de 2025 y carezcan de antecedentes penales, en lo que la ministra de Inclusión, Elma Saiz, calificó como un “día histórico”. Esta reforma surge de un acuerdo entre el Partido Socialista (PSOE) y la formación izquierdista Podemos, y se tramitará como un real decreto, lo que evita la necesidad de convalidación parlamentaria. La decisión ha sido criticada por la oposición; el Partido Popular la ha calificado de “ilegal” y un “llamamiento a las mafias”, mientras que el partido de ultraderecha Vox anunció que presentará un recurso ante el Tribunal Supremo.
Los beneficiarios podrán acreditar su residencia con documentos como el padrón municipal, informes médicos o contratos de alquiler.
Se espera que las solicitudes comiencen en abril, y la mera admisión del trámite permitirá a los solicitantes trabajar desde el primer día.
La autorización inicial tendrá una vigencia de un año, durante el cual podrán acceder al mercado laboral, vivienda y atención sanitaria. Pasado este periodo, podrán solicitar una autorización ordinaria.
Esta no es la primera regularización de este tipo en España; la última se realizó en 2005 bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. La medida ha sido recibida positivamente por sindicatos como CCOO y UGT, organizaciones del sector primario como ASAJA, que ven una solución a la necesidad de mano de obra, y la Conferencia Episcopal Española, que la considera un acto de “justicia social”. Sin embargo, sindicatos de la Policía Nacional han advertido sobre un posible colapso en las unidades de Extranjería. Según el centro de análisis Funcas, en España residen aproximadamente 840,000 migrantes en situación irregular, el 91% de ellos provenientes del continente americano.
En resumenEl gobierno de España ha aprobado una regularización masiva que beneficiará a unos 500,000 migrantes que demuestren residencia y no tengan antecedentes penales. La medida, celebrada por organizaciones sociales y agrarias como un acto de justicia y una necesidad económica, ha sido duramente criticada por la oposición de derecha y ultraderecha.