Política
El asesinato de Renee Good por un agente de ICE desata protestas y un debate político en Estados Unidos



El asesinato de Renee Good, de 37 años, por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minneapolis ha desatado una crisis política y social en Estados Unidos. El incidente ocurrió cuando Good conducía su vehículo tras dejar a su hijo de seis años en la escuela. El gobierno de Donald Trump y el vicepresidente JD Vance sostienen que el agente actuó en defensa propia contra una conductora que usó su vehículo "como arma", calificándolo como "una tragedia provocada por ella misma".
En contraste, líderes demócratas acusan a la administración de mentir e instan al público a ver los videos del tiroteo. La muerte de Good, al menos la quinta conocida desde el inicio de una campaña de deportación masiva, ha generado una ola de protestas en ciudades como Minneapolis, Nueva York, San Diego y Portland, Oregón, donde otro agente hirió a dos personas. Organizaciones como Indivisible han convocado a cientos de manifestaciones bajo lemas como "ICE Out for Good" ("ICE fuera para siempre"). Las protestas han sido mayoritariamente pacíficas, exigiendo investigaciones transparentes y el fin de las operaciones de ICE, aunque se han reportado algunos arrestos en Minneapolis.
En el Congreso, el suceso ha intensificado la polarización. Los demócratas exigen una investigación completa, cambios en las políticas de redadas y amenazan con restringir el financiamiento al Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Algunos legisladores incluso han pedido un juicio político contra la secretaria Kristi Noem por la falta de transparencia y las tácticas agresivas de la agencia. Por su parte, la mayoría de los republicanos defienden la actuación del agente y las políticas de mano dura de la administración, aunque figuras como la senadora Lisa Murkowski han expresado su preocupación y solicitado una investigación exhaustiva. Analistas señalan que este caso se enmarca en una escalada de violencia asociada a la militarización de la política migratoria, que ahora afecta también a ciudadanos estadounidenses.
El operativo en Minnesota, con más de dos mil agentes federales, estaba vinculado a una investigación sobre un fraude. El asesinato de Good ha recordado otros tiroteos recientes por parte de agentes federales en Chicago, aumentando la percepción de que las acciones de ICE están "fuera de control".
Artículos
5







DOMINGA.–En Palermo, Italia, Luis Alberto Pérez Zamorano está más cerca de recuperar su libertad que de ser extraditado y enfrentar a la justicia mexicana por uno de los fraudes financieros más devastadores de la historia reciente del país.Cuando lo detuvieron el 23 de mayo de 2025, el llamadogurú financierono estaba huyendo. No corría. No se escondía. Vacacionaba. Disfrutaba de copas servidas al atardecer,buffetsinterminables y camarotes con vistas al mar Mediterráneo. En un crucero de lujo de la línea MSC –cuyas tarifas rozan los 2 mil 700 dólares por persona– recorría la costa italiana mientras, a miles de kilómetros, más de diez mil personas en México intentaban reconstruir su vida tras haberlo perdido todo.La escena parecía una burla: el rostro más visible de la estafa Inverforx, detenido en medio del confortcomo si la impunidad también viajara en primera clase.Han pasado ocho meses desde aquella captura en Palermo. Ocho meses detenido en el centro penitenciario Pagliarelli. Ocho meses sin que pise una cárcel mexicana. Ocho meses sin que proceda su extradición. Sobre él pesan más de 30 órdenes de aprehensión vigentes. Diecinueve en la Ciudad de México. Cinco en Michoacán por fraude genérico. Además de procesos abiertos en Coahuila, Veracruz, Oaxaca, Puebla.El saldo es devastador: más de 10 mil víctimas y un daño que supera los 15 mil millones de pesos. El fraude no fue un error. No fue un tropiezo. Fue una maquinaria perfectamente aceitada. A través de Inverforx, el nombre comercial de la razón social Strategic Capital Agency, S.A.P.I. de C.V., se prometían rendimientos imposibles hasta del 80%. Para generar confianza, las primeras inversiones sí se pagaban. Luego venía el silencio. Venía el mismo argumento una y otra vez: “la empresa está siendo auditada por el SAT”. Una frase convertida en coartada, en muro, en sentencia.En Michoacán, una de las víctimas –caso documentado por la Fiscalía estatal para solicitar la ficha roja de Interpol– firmó cuatro contratos por más de 10 millones de pesos. Nunca recuperó su dinero. Nunca vio un peso de rendimientos.Entre las víctimas hubo incluso invitados a su propia boda –la segunda, cinco años después se celebraría otra, igual de lujosa, pero con una nueva pareja–, realizada frente al mar Caribe, en Playa del Carmen, el 11 de octubre de 2019, como documentó DOMINGA en mayo de 2025.Las iniciales de los novios L&L se leían a un costado del altar en el club Punta Venado Beach. Ninguno de los asistentes –ningún “invitado especial”, como suelen decir las invitaciones– imaginó que terminaría convertido en víctima directa de una de las estafas financieras más grandes del país.Los potenciales clientes fueron seducidos en cenas privadas donde se les ofrecía invertir en litio, oro, petróleo, plata, cobre, azúcar, trigo. Promesas de duplicar el capital, de rendimientos extraordinarios, de un futuro blindado. Uno de esos invitados, entrevistado para esta investigación, aseguró que él y su familia perdieron seis millones de pesos invertidos en Inverforx, convencidos por la cercanía, la confianza y una promesa que nunca se cumplió.La caída del ‘gurú financiero’ de InverforxEl apodo de gurú financiero no fue casual. Fue construido. Luis Alberto Pérez Zamorano se presentaba como maestro en finanzas en España, inversor internacional, operador en la Bolsa de Londres para seducir a sus clientes. La realidad: se graduó de la licenciatura en Finanzas en la UNITEC, campus Atizapán, Estado de México, apenas un año y medio antes de su detención.El viaje por crucero había comenzado en Barcelona, donde Luis Alberto Pérez Zamorano residía tras huir de México, y continuó entre noches de lujo sobre el mar, mientras miles de familias mexicanas siguen esperando justicia.Sobre su captura en mayo de 2025, se sabe que viajaba acompañado por su hijo de 18 años, una hija de nueve y su pareja reciente, Carla Nicole Alba Hernández –con quien se casó en 2024, según publicaciones en redes sociales con pedida de mano incluida–, de origen mexicano –pero nacionalizada española–, quien aseguró a las autoridades italianas ser la esposa. Sin embargo, poco después de la detención, fue Carolina del Socorro Carrillo López, madre de sus hijos, quien se presentó asegurando que ella era la legítima esposa.Cuatro días después de su detención, la Fiscalía General de Michoacán confirmó el arresto mediante el comunicado 806/2025, el mismo día en que Pérez Zamorano compareció por primera vez ante la Corte de Apelaciones de Palermo, presidida por la magistrada Adriana Piras.En los chats de las víctimas hubo alivio. También furia contenida. “Por fin va a pagarnos”, se repetía el mensaje. La euforia duró poco.La Fiscalía de Palermo fue clara en su comunicado 165/2025: el traslado del imputado sólo sería posible mediante una solicitud formal de extradición y la entrega de documentación completa por parte de las autoridades mexicanas. Hasta hoy, las víctimas no han recibido información alguna. Han tocado fiscalías, enviado oficios en español e italiano, escrito a la Embajada de México en Italia, al área jurídica de la Cancillería, a la Fiscalía General de la República, a la prisión Pagliarelli de Palermo. Han recurrido a activistas en derechos humanos, periodistas e incluso influencers para difundir el caso. El silencio ha sido la constante.Su primer abogado en Italia fue Giovanni Albanese. Hoy, sin embargo, la estrategia para librar las órdenes de aprehensión en Michoacán se juega en México.Los amparos están en manos de Rigoberto Zepeda Hernández, abogado del Instituto Universitario del Estado de México, quien notificó a las autoridades que Pérez Zamorano había “reparado el daño” –restitución económica– en el primero de los seis casos que originaron las órdenes de aprehensión con ficha roja de Interpol. Desde entonces, la extradición, simplemente, no llega.El amparo como escudoEl punto de quiebre ocurrió en octubre de 2025. Documentos en poder de DOMINGA revelan que Pérez Zamorano reparó el daño en uno de los seis casos que generaron órdenes de aprehensión en Michoacán. Una sola víctima: María “N”. Un solo acuerdo reparatorio. Eso bastó para solicitar un amparo y lograr la cancelación de una orden de aprehensión específica. No de las demás. No de otros estados. No de las más de 600 denuncias pendientes. Esa grieta legal se convirtió en su principal escudo.Una de las seis órdenes en Michoacán con ficha roja que motivaron su captura ya fue neutralizada. Las 19 órdenes de aprehensión en Ciudad de México permanecen congeladas: ninguna ha sido transformada en ficha roja ante Interpol, que funcione como candado para mantenerlo detenido mientras se concreta la extradición. Así lo confirman los abogados Rodolfo Martínez y Fernando Lozada Servín.“Es inadmisible que, pese a existir entre 300 y 400 denuncias en la Ciudad de México, sólo se hayan obtenido 19 órdenes de aprehensión, es decir, menos del 5%”, dice Lozada. Esta cifra no es un error administrativo: refleja la ineficacia y el desinterés de la Fiscalía capitalina para atender un caso de enorme relevancia social.La omisión es aún más grave si se considera que de los diez Ministerios Públicos originalmente asignados, hoy apenas dos personas cargan con un expediente que involucra a miles de víctimas”, señala Martínez, abogado de Trusan & Roma.Y la Fiscalía de Michoacán, responsable de enviar la documentación a Italia para la extradición, sigue sin responder por qué se frenó el regreso de Zamorano a México. DOMINGA ha solicitado varias veces una entrevista al fiscal michoacano, Carlos Torres Piña, sin obtener respuesta.El poder detrás del fraudePérez Zamorano no operó solo. Su cercanía con Ariadna Rosas Burgos, entonces secretaria particular de Finanzas en Michoacán durante el gobierno de Silvano Aureoles, le abrió puertas institucionales. Junto con Sonia Fuerte Armenta, subsecretaria de Finanzas, instalaron la sucursal de Inverforx en el fraccionamiento La Paloma en Morelia y ocuparon cargos clave dentro del organigrama de la empresa. La estafa se institucionalizó.Luego de ocho meses detenido, miles de víctimas, miles de millones desaparecidos y, aun así, no hay extradición. La pregunta ya no es si es culpable. La pregunta es quién está ganando tiempo con este proceso. Y por qué, una vez más, la justicia se inmoviliza cuando se trata de quienes lo perdieron todo.Ante la inacción oficial, la denunciante Alma de la Paz, quien perdió los ahorros destinados a su jubilación, convocó a un mitin el 29 de enero, a las 9:00 horas, frente a la Fiscalía de Investigación Estratégica de Delitos Financieros de la Ciudad de México. “Nuestro objetivo es que las 19 órdenes de aprehensión de la ciudad tengan ficha roja, para que Pérez Zamorano siga detenido y sea enviado a México”, advierte.Porque para las víctimas, la justicia no puede seguir de crucero ni en Sicilia, a más de 10 mil kilómetros del país. Hoy, el llamadogurú financieroescribe su historia desde una cárcel en Palermo, en la isla siciliana que inspiró a Mario Puzo para crear a Vito Corleone, inmortalizado por Francis Ford Coppola comoEl Padrino. Sólo que aquí la impunidad sigue siendo la trama de este guión. GSC / MMM


DOMINGA.– Nueve días después de los granadazos en Morelia, Michoacán, un teléfono timbró en las oficinas de la Unidad Especializada en Investigación de Terrorismo en la Ciudad de México. “Quiero denunciar a las personas que aventaron las granadas”, dijo un hombre con acento norteño. “Lo que hicieron no tiene madre”. El informante sabía dónde encontrarlos con exactitud: una casa en construcción con portón blanco de lámina, junto a un campo de futbol en la sierra de Antúnez, Apatzingán. “No hay pierde”, dijo y colgó. Al día siguiente, tres agentes federales –Armando Javier Rojo Aguilar, José Martín Zarza Escamilla e Ignacio Moreno Aguilar– se adentraron en la sierra siguiendo las coordenadas. Y cuando llegaron todo estaba ahí: el portón, el campo, la casa a medio construir. Según sus primeros informes, al interior encontraron a tres hombres esposados de las manos, con el rostro vendado, como si los hubieran dejado ahí envueltos para regalo.Los agentes dijeron que los tres confesaron de inmediato: trabajaban para Los Zetas y este cártel les había pagado para explotar las granadas en la plaza de Morelia durante los festejos del 15 de septiembre de 2008. Pero que sus jefes en un acto patriótico los habían amarrado y dejado en esa casa para que la policía los encontrara.Ese relato escondía otra verdad que tardaría años en revelarse: todo había sido un montaje ideado por Mario Arturo Acosta Chaparro, el asesor de inteligencia delgobierno de Felipe Calderón, un militar con un pasado oscuro ligado a la represión de la Guerra Sucia en los años setenta.Esta es una colaboración de ARCHIVERO para DOMINGA que reconstruye esta historia a través de las declaraciones de sobrevivientes, testigos protegidos y los acusados, y revela lo que sucedió aquella noche en Morelia, cuando las granadas estallaron durante el Grito de Independencia. Una tragedia que cambió el rumbo de la “guerra contra el narcotráfico”.La noche del atentado en Morelia se sintió como “radiación”Pasadas las once de la noche del 15 de septiembre de 2008, el gobernador Leonel Godoy Rangel dio el Grito de Independencia desde el balcón del Palacio de Gobierno, mientras la plaza Melchor Ocampo, en el centro rodeado de edificios de cantera rosa, se desbordaba de familias que esperaban ver con ansias cómo los fuegos artificiales iluminaban el cielo de la capital michoacana. Viridiana Bucio estaba parada entre esa multitud y a pesar de tener la pierna fracturada quería ver los cohetes, recuerda que fue justo después de las campanadas de la iglesia cuando se escuchó el estruendo. “Tronó algo muy feo”, diría. A unos metros de ella, Víctor Díaz también vio algo extraño: una luz que bajaba del cielo como si fuera un cohete perdido. Enrique Rodríguez, muy cerca de él, dice que lo vio como una “especie de pelota”, cayendo, que cuando tocó el piso se vino la explosión.Abel García, otro testigo, dirá después que aquella noche cuando cayeron los granadazos se sintió “como una radiación”. Una mujer que estuvo ese día, Angélica Bucio, dijo que vio el momento exacto en que un hombre aventó con la mano un objeto como de diez centímetros, que voló de atrás hacia adelante y pegó en la cabeza de un señor que estaba muy cerca de ella.Belém Zavala dice que ella sintió la explosión como un golpeen la cabeza que la dejó aturdida y que cuando abrió los ojos vio a la multitud tendida sobre la plaza. Unos estaban desangrados y a otros les faltaban las extremidades del cuerpo. Un vigilante del Hotel Fénix que estaba a unos metros de la plaza, Martín Inocencio, cuenta que después de las granadas, vio cómo se elevaba una nube de humo blanco de un metro de altura.Ocho personas murieron ese día y más de cien resultaron heridas. Los forenses llegaron a la conclusión de que los fragmentos metálicos de las granadas habían penetrado cráneos, causado laceraciones de arterias, amputaciones de miembros y hemorragias masivas. Las primeras declaraciones del atentado en MoreliaOnce días después del atentado, en las primeras horas del 26 de septiembre de 2008, los tres hombres que habían sido encontrados amarrados en aquella casa de Apatzingán confesaron. El primero en hablar fue Alfredo Rosas Elicea, de 35 años, quien relató que para él todo había comenzado el día 13 cuando unos conocidos que trabajaban paraLos Zetas llegaron a su casa en construcción en Lázaro Cárdenas. No se anduvieron con rodeos y le propusieron arrojar granadas en Morelia a cambio de cien mil pesos. Le dijeron que querían “calentar la plaza y que le echarían la culpa a la Familia Michoacana”. Una hora después declaróJuan Carlos Castro Galeana, quien dijo que trabajaba para Los Zetasdesde hacía cinco meses. A él le dijeron que una persona llegaría desde la Ciudad de México para adiestrarlos en el lanzamiento de granadas en Playa Jardín, en las afueras de Lázaro Cárdenas. El último en declarar sería Julio César Mondragón Mendoza, que contó que dos días antes de los atentados un integrante deLos Zetasle había ofrecido “un jale en Morelia” por cien mil pesos. Ya en la ciudad, les explicaron que las granadas se tenían que aventar para “causar temor” y hacer quedar mal a La Familia Michoacana y que Los Zetas estaban enfurecidos: La Familia los había sacado de Lázaro Cárdenas y de otros poblados de Michoacán, y querían venganza. Les dijeron que debían lanzarlas “donde no hubiera tanta gente” y que la señal sería cuando oyeran los cohetes “para que no se escuchara tanto”. Pasadas las once de la noche lanzaron sus granadas hacia la plaza. Las evidencias que liberarían a los presuntos culpablesMeses después los tres hombres se retractaron y contaron una historia completamente distinta. Alfredo Rosas Elicea narró que ese 15 de septiembre se levantó a las ocho de la mañana y trabajó todo el día en una casa en construcción. Alrededor de las siete de la noche recibió una llamada de una amiga que estaba en un supermercado.Pasó por ella, la condujo a su casa y regresó a la suya como a las ocho y media. Cenó tranquilo y a las nueve salió a ver una pelea de box en su terreno, después pasó por el centro y llegó a su casa a la una y diez de la madrugada. Era imposible que hubiera estado en dos lugares al mismo tiempo.El verdadero horror comenzó una semana después. El 23 de septiembre, alrededor de las once de la mañana, Alfredo llegó en un Tsuru rojo a su casa y vio que afuera había una camioneta café estacionada. Cuatro hombres lo detuvieron, lo subieron a su propio carro en la parte trasera y le agacharon la cabeza hasta las rodillas. Alcanzó a escuchar por radio: “¡Ya levantamos a este güey!”.“En los lugares donde me tenían secuestrado me presionaron para que me echara la culpa”, declaró ante el juez. Durante el cautiverio escuchó que en otras habitaciones golpeaban a otros hombres que gritaban y lloraban. Cuando lo trasladaron a la Procuraduría General de la República (PGR), su estado era tan grave que tuvieron que enviarlo a un hospital, donde permaneció varios días internado. Juan Carlos Castro Galeana contó que el 18 de septiembre de 2008, tres días después de los atentados en Morelia, estaba en un taller mecánico cuando, de pronto, pasó una camioneta Mitsubishi blanca sin placas. Se bajaron dos hombres y le dijeron “Súbete a la camioneta”.Lo subieron a la parte trasera, le taparon la cabeza y comenzaron a golpearlo. Se internaron en una huerta y lo bajaron. Le acercaron las armas a la cabeza y cuando uno estaba a punto de matarlo, otro intervino: “No lo mates, a este le vamos a sacar más provecho, vamos por la recompensa”.Posteriormente fue llevado a una casa donde le mostraron videos donde le cortaban la cabeza a una persona y le dijeron con toda calma que a él le iban a cortar dedo por dedo y brazo por brazo. “Y también a tu familia, ¡hijo de la chingada!”. Aterrorizado, les contestó que haría lo que fuera con tal de que pararan. Ahí le dijeron que tenía que echarse la culpa de los granadazos. “Repetía lo que ellos me decían. Si me equivocaba me golpeaban. Volvía a repetir hasta que decía exactamente lo que querían”. Escuchaba a otras dos personas siendo torturadas en cuartos contiguos, así que les gritó a través de las paredes: “¡Digan lo que ellos quieran para que ya no los sigan golpeando!”.En algún momento escuchó a sus captores platicar entre ellos: “La gallina ya está lista para el caldo”. Los bañaron, les cambiaron de ropa y los llevaron a una casa donde los dejaron tirados en el suelo y amarrados. Ahí estuvieron hasta que llegaron los tres agentes y les preguntaron quiénes eran. Los torturadores les habían dado instrucciones precisas: debían contestar “Somos Zetas”. Y eso hicieron.El supuesto hombre que lanzó una granada desde arriba de un árbolJulio César Mondragón Mendoza contó que a él lo secuestraron el 21 de septiembre. Eran las tres de la tarde y estaba afuera de su casa lavando un carro. Llegaron cinco hombres armados en una camioneta blanca y le dieron un cachazo en la cabeza que lo dejó inconsciente. Cuando despertó tenía los ojos vendados. Escuchaba voces que le decían: “Si no te echas la culpa de las granadas, te mataremos a ti y a tu familia”.La acusación contra Julio César era particularmente absurda. Las autoridades lo señalaron como el hombre que había lanzado una granada desde arriba de un árbol en la plaza Melchor Ocampo de Morelia. Pero Julio César padecía poliomielitis desde niño. Era físicamente imposible que pudiera subir siquiera a las jardineras de la plaza, mucho menos trepar un árbol.Más tarde en septiembre del 2008, Raúl Espinosa de los Monteros, el abogado de defensa, señalaría en la prensa que todo había sido una fabricación de Mario ArturoAcosta Chaparro –asesor de inteligencia del gobierno de Calderón–, quien fabricó junto con La Familia Michoacana y la PGR la detención de los tres inculpados. Los tres fueron liberados en mayo de 2015 por un juzgado en Jalisco debido a la falta de pruebas por parte del Ministerio Público federal y la tortura físicos y psicológicos a los que fueron sometidos. GSC

Todos quisiéramos golpes espectaculares, detenciones de escándalo, inesperados peces gordos tras las rejas. Algo que permitiera pensar que el gobierno de la Cuarta Transformación intenta eliminar la corrupción de la vida pública del país. Ciertamente hasta ahora no ha sido el caso. El gobierno de Morena ha cumplido con algunas de sus promesas, pero no […]






