Sin embargo, este componente clave enfrenta una escasez que ha disparado sus precios, con incrementos acumulados previstos de hasta un 40% hacia la primera mitad de 2026.

Esto ejerce una fuerte presión sobre los costos de fabricación. Para mitigar el impacto en el consumidor final, se espera que muchos fabricantes, especialmente marcas como OPPO, Xiaomi, HONOR y vivo, recurran a una estrategia de “reduflación tecnológica”: mantener el precio del nuevo modelo pero con componentes de generaciones anteriores, como sensores de cámara o velocidades de almacenamiento inferiores. En contraste, gigantes como Apple y Samsung estarían mejor posicionados para absorber parte del aumento de costos gracias a sus márgenes más amplios y su control sobre la cadena de suministro. La situación plantea un dilema para la industria, que debe justificar el mayor costo con un valor perceptible para el usuario, en un momento en que las ventas globales de smartphones podrían contraerse un 2% en 2026.