Este avance tecnológico está destinado a potenciar la próxima generación de sus teléfonos insignia, la serie Galaxy S26, que se espera para principios de 2026. El lanzamiento del Exynos 2600 representa un movimiento estratégico para Samsung, que busca recuperar el liderazgo en el mercado de semiconductores de gama alta y superar las críticas que han afectado a sus procesadores en años anteriores. El nuevo chip integra una CPU de 10 núcleos que promete una mejora del 39% en el rendimiento general en comparación con su predecesor, el Exynos 2500. El enfoque en la inteligencia artificial es notable, con una Unidad de Procesamiento Neuronal (NPU) que ofrece un aumento del 113% en su capacidad, permitiendo ejecutar modelos de IA más complejos directamente en el dispositivo. En el apartado gráfico, la nueva GPU Xclipse 960 duplica el rendimiento y mejora en un 50% el trazado de rayos (ray tracing). Para abordar el histórico problema de sobrecalentamiento y la consecuente reducción de rendimiento (throttling), Samsung ha introducido una tecnología de disipación de calor denominada Heat Path Block (HPB), diseñada para mantener un rendimiento sostenido bajo cargas de trabajo intensas. Este desarrollo llega tras el recordado "Chipgate" del iPhone 6s en 2015, cuando los chips fabricados por Samsung mostraron un rendimiento inferior a los de TSMC, lo que llevó a Apple a depender exclusivamente de su competidor taiwanés. Con el Exynos 2600, Samsung no solo busca competir con el futuro chip A20 de Apple, que también se espera en 2nm para 2026, sino también redefinir la percepción de su propia tecnología.