Dos factores clave impulsan esta obsolescencia acelerada.

El primero es la adopción masiva de códecs de video más eficientes como AV1 y VP9, que ya son indispensables para plataformas de streaming como YouTube, Prime Video y Max. Muchos televisores fabricados antes de 2021, especialmente los de gama media y baja, carecen del hardware necesario para decodificar estos formatos, lo que limitará su acceso a contenido en alta calidad. El segundo factor es la creciente incorporación de funciones de IA, como el reconocimiento de voz avanzado, la personalización de contenidos y la optimización automática de imagen y sonido.

Estas capacidades requieren procesadores más potentes, como las Unidades de Procesamiento Neuronal (NPU), que no están presentes en modelos más antiguos. A esto se suma el llamado "apagón de software", que ocurre cuando los fabricantes dejan de proporcionar actualizaciones y parches de seguridad para ciertos modelos, limitando su funcionalidad y exponiéndolos a vulnerabilidades.

Sistemas operativos como Android TV, Google TV, Tizen y webOS evolucionan constantemente, demandando más recursos y dejando atrás a los dispositivos que no pueden seguir el ritmo.