Esta evolución estratégica posicionaría al iPhone como un dispositivo con conectividad global ininterrumpida, alterando fundamentalmente el mercado de las telecomunicaciones.

La trayectoria de Apple en este ámbito ha sido cautelosa. La compañía abandonó en el pasado su ambicioso “Proyecto Eagle”, que buscaba crear una red propia de satélites con Boeing, por temor a dañar sus relaciones con las operadoras de telefonía móvil. En 2022, Tim Cook rechazó una oferta de Elon Musk para una asociación exclusiva con Starlink, optando por una solución más modesta con Globalstar para su servicio SOS de emergencia.

Sin embargo, la situación ha cambiado.

Globalstar ha demostrado ser un socio dependiente y con una tecnología limitada, mientras que Starlink ha avanzado con su tecnología “Direct to Cell”, que ya permite a algunos usuarios de iPhone en redes como T-Mobile conectarse a internet satelital. Las filtraciones sugieren que Apple planea añadir soporte para redes 5G vía satélite a partir del próximo año, posiblemente con el iPhone 18 en 2026. Ante la posición dominante y la superioridad técnica de SpaceX, que ha adaptado sus satélites para ser compatibles con el hardware del iPhone, una negociación con Elon Musk parece inevitable si Apple quiere cumplir su promesa de una conectividad verdaderamente global y no quedarse atrás en la carrera espacial de los smartphones.