Esta estrategia de implementación gradual deja fuera al iPad de entrada, que, según los informes, no tiene planes de adoptar esta tecnología para mantener su posicionamiento como la tableta más económica de la compañía. La transición completa la estrategia que Apple inició en 2015 con el Apple Watch y continuó con el iPhone X en 2017, llevando ahora la superioridad visual del OLED a sus dispositivos de pantallas más grandes y reforzando su competitividad en el segmento de gama alta frente a rivales como Samsung.