No será un teléfono, ni un wearable, ni un accesorio auditivo, y carecerá de pantalla.

Su objetivo es ofrecer una experiencia de IA con una "conciencia contextual increíble", que sepa cuándo intervenir y cuándo permanecer en silencio, para reducir el "ruido mental" en lugar de añadirlo. Ive describió la tecnología actual como caminar por "Times Square": una sobrecarga de estímulos que demandan atención constante.

En contraste, su visión para este nuevo dispositivo es evocar la paz de "una cabaña junto a un lago". La colaboración surgió por iniciativa de Ive, quien contactó a Altman para explorar ideas sobre la naturaleza de los objetos y las interfaces, sin la presión de fabricar un producto concreto. El diseño sigue la filosofía clásica de Ive, buscando una simplicidad que invite a la interacción. De hecho, Ive reveló su métrica para saber si un diseño es exitoso: "Sabremos que está bien hecho cuando quieras lamerlo o darle un mordisco", una idea que remite a la estética del iMac G3 de 1998, que transformó las computadoras en objetos de deseo. Sam Altman, aunque inicialmente escéptico, ahora cree que el dispositivo será "sencillo, hermoso y juguetón", y capaz de recordar todo lo que el usuario ha dicho o leído para ofrecer una experiencia hiperpersonalizada.