El dispositivo, desarrollado en colaboración entre la firma de Ive, LoveFrom, y OpenAI, no será un teléfono ni un wearable convencional. Se describe como un aparato sin pantalla, de tamaño similar a un smartphone, diseñado para ser una herramienta que se use “casi sin pensar”. Ive explicó su filosofía de diseño con una metáfora: “Sabremos que está bien hecho cuando quieras lamerlo o darle un mordisco”, evocando la misma lógica que utilizó para el icónico iMac G3, que transformó las computadoras en objetos de deseo. El objetivo es que la tecnología se sienta juguetona, hermosa y no intimidante.

Altman, por su parte, describió la visión del dispositivo como una antítesis a la experiencia actual de usar un móvil, que comparó con “caminar por Times Square” por su constante demanda de atención. La alternativa que proponen es una IA con una “conciencia contextual increíble” que sepa cuándo intervenir y cuándo permanecer en silencio, similar a estar en “una cabaña junto a un lago”.

El prototipo actual ya ha sorprendido a sus inversionistas, como Powell Jobs, quien destacó la rápida evolución del diseño. Aunque los detalles técnicos son escasos, el enfoque en la simplicidad y la interacción humana sugiere un replanteamiento fundamental de cómo nos relacionaremos con la tecnología en el futuro.