Sin embargo, siete años después, su gestión es descrita como una "promesa rota" y una "misión a medio cumplir".

El resultado es un "quiero y no puedo", con una Siri revolucionaria retrasada y un equipo de IA desmoralizado por la fuga de talentos. La solución de emergencia ha sido mirar hacia fuera, lo que un artículo califica como un "fracaso estratégico de manual". Apple ha optado por un pacto de mil millones de dólares anuales con Google para integrar profundamente la tecnología Gemini en sus servidores, un modelo que funcionará dentro de la infraestructura de Apple con hardware Apple Silicon.

Al mismo tiempo, mantiene una alianza sin contraprestación económica con OpenAI para que Siri pueda delegar consultas a ChatGPT.

Esta dependencia de sus mayores competidores se produce justo cuando Giannandrea, el hombre que debía asegurar la independencia de Apple en IA, se marcha de la compañía. La reestructuración de su división, cuyos pedazos se reparten entre otros directivos, confirma el fin de un enfoque que no dio los resultados esperados.