Esta solución pragmática simplificaría además el desbloqueo, ya que funcionaría de la misma manera tanto con el dispositivo abierto como cerrado. En el apartado fotográfico, se espera un sistema dual de 48 megapíxeles en la parte trasera, similar en filosofía al iPhone Air pero con dos lentes.

La pantalla interna contaría con una cámara bajo el panel, eliminando la Isla Dinámica para una experiencia inmersiva, mientras que la externa mantendría una perforación tradicional. La durabilidad es otro punto clave; las filtraciones describen una bisagra "muy fuerte" y diseñada con estándares exigentes para evitar la fragilidad y la aparición de la arruga central. Con un precio que se rumora rondará los 2,000 euros, los analistas ya predicen una alta demanda que podría generar escasez en su lanzamiento, una situación similar a la ocurrida con el iPhone X en 2017.