Su confianza en la visión del producto se manifestó en 2010 con el lanzamiento del iPad.

A pesar de recibir 800 correos electrónicos con quejas que ridiculizaban el nombre (asociándolo a productos de higiene femenina) y criticaban la falta de características como Flash, su respuesta fue contundente: “La mayoría ni siquiera lo ha probado”. Confiaba en que la experiencia de uso superaría cualquier crítica inicial.

Esta filosofía también guió el desarrollo del iPhone, donde su estricta regla de “uso con una sola mano” llevó a descartar ideas complejas como un “pomo virtual” para desbloquear el teléfono, dando origen al icónico y mucho más intuitivo “Slide to Unlock”. Su capacidad para saber cuándo lanzar un producto, a diferencia del precipitado lanzamiento de Google Glass, fue clave en su éxito.