La administración Trump ha intensificado su guerra comercial con la imposición de nuevos aranceles sectoriales, destacando un gravamen del 100% a ciertos medicamentos patentados fabricados en el extranjero, al tiempo que explora medidas de alivio para incentivar la producción local en otras industrias. La nueva tarifa a los medicamentos, que entró en vigor el 1 de octubre, es vista como una medida de presión para que las farmacéuticas aumenten su producción en Estados Unidos. Sin embargo, la medida incluye excepciones significativas: no aplicará a medicamentos genéricos y se respetarán acuerdos con la Unión Europea y Japón que limitan los aranceles al 15%.
Además, grandes empresas como Eli Lilly y Pfizer, que han anunciado millonarias inversiones en el país, quedarían exentas. En un movimiento que contrasta con esta política punitiva, se reporta que el presidente Trump está considerando un “alivio arancelario significativo” para la producción de vehículos en Estados Unidos.
Esta medida, según el senador republicano Bernie Moreno, buscaría “recompensar” a las compañías con alto contenido nacional.
“Ford, Toyota, Honda, Tesla y GM son, casi en orden, los cinco principales productores de vehículos de contenido nacional; serán inmunes a los aranceles”, declaró Moreno.
Este posible alivio podría incluir la extensión de una compensación arancelaria y la exención para motores fabricados en EE. UU., lo que representa un claro incentivo para la relocalización de la producción, una estrategia que afecta directamente a socios comerciales como México.
En resumenEl gobierno de Estados Unidos está implementando una estrategia arancelaria dual: por un lado, impone tarifas elevadas a productos como medicamentos para presionar a las farmacéuticas y, por otro, considera ofrecer alivios fiscales significativos para recompensar la producción nacional en sectores clave como el automotriz, afectando las dinámicas comerciales globales.