La industria automotriz, pilar de la manufactura mexicana, enfrenta una severa presión debido a la incertidumbre arancelaria y a disrupciones en la cadena de suministro global. Estas tensiones han provocado paros de producción, recortes de empleo y una creciente cautela en las inversiones del sector. La amenaza de aranceles por parte de la administración Trump ha sido un factor desestabilizador constante. Tereso Medina, líder de la CTM en Coahuila, vinculó directamente la incertidumbre arancelaria con la pérdida de empleos, mencionando el cierre de la planta de Nissan en Morelos que afectó a mil trabajadores directos, y recortes en proveedoras en Coahuila que sumaron más de 1,250 despidos.
Medina afirmó que las empresas "reduzcan plazas laborales como medida preventiva".
A esta situación se suma una crisis global de semiconductores, originada por un conflicto geopolítico en torno a la empresa Nexperia, que obligó a Honda a suspender la producción en su planta de Celaya, Guanajuato. La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) advirtió que este problema "podría afectar a otras armadoras que operan en el país". Audi en Puebla también suspendió operaciones debido a bloqueos carreteros, lo que impidió la llegada de insumos. A pesar de que la presidenta Sheinbaum descartó que los aranceles sean la causa directa de los cierres, afirmando que eran "decisiones que habían tomado, previamente", la industria en general, incluyendo a gigantes como Volkswagen y Suzuki, resiente el impacto, reportando pérdidas y ajustando sus estrategias ante un entorno comercial volátil.
En resumenLa industria automotriz en México sufre paros de producción y pérdidas de empleo debido a la incertidumbre arancelaria de EE.UU. y a la crisis global de semiconductores, afectando a grandes armadoras como Honda, Nissan, Audi y Volkswagen.