El gobierno de Estados Unidos aplicó un nuevo arancel del 25% a la importación de camiones medianos y pesados provenientes de México, medida que entró en vigor el 1 de noviembre de 2025. Esta tarifa representa un golpe directo a uno de los pilares de la industria automotriz nacional, afectando a vehículos de clase 3 a clase 8 y sus componentes relacionados. La decisión, enmarcada en la política comercial de la administración de Donald Trump, impacta de manera significativa la competitividad de México, que se ha consolidado como el principal proveedor de este tipo de vehículos para el mercado estadounidense. De acuerdo con datos del Departamento de Comercio de EE. UU., entre enero y julio de 2025, las importaciones de camiones, autobuses y vehículos especiales alcanzaron un valor de 32,410 millones de dólares, de los cuales casi el 80%, equivalentes a 25,860 millones de dólares, provinieron de México.
Esta dependencia subraya la magnitud del impacto para las plantas ensambladoras mexicanas que producen para gigantes como Ford, General Motors y Stellantis.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha intentado minimizar las consecuencias, afirmando que algunos cierres de plantas responden a decisiones previas de las empresas y no directamente a los aranceles. Sin embargo, especialistas y actores de la industria advierten que la medida inevitablemente redefinirá los costos de producción, presionará la cadena de suministro regional y podría trasladar los incrementos de precios a los consumidores finales, alterando el equilibrio comercial establecido bajo el T-MEC.
En resumenEl arancel del 25% a los camiones mexicanos es una acción proteccionista de Estados Unidos que amenaza con encarecer la producción, afectar la rentabilidad de las armadoras en México y generar tensiones en la cadena de suministro automotriz de Norteamérica.