México ha perdido participación en el mercado estadounidense, su principal destino de exportación, donde sus ventas cayeron un 10.5% en agosto, mientras que países fuera del tratado como Brasil, India y Tailandia han incrementado sus exportaciones gracias a acuerdos comerciales más favorables. La industria mexicana enfrenta un arancel del 25% sobre el 40% del valor del vehículo, además de estrictas reglas de origen que, aunque fortalecen la cadena regional, también representan una carga competitiva.
Esta situación ha contribuido al encarecimiento de los vehículos en Estados Unidos, donde el precio promedio de un auto nuevo superó los 50,000 dólares. El tema ha escalado al ámbito político, y el Comité de Comercio del Senado de EE. UU. ha citado a los directores ejecutivos de Ford, General Motors y Stellantis para testificar sobre la asequibilidad de los vehículos, donde los aranceles son un punto central de la discusión.
El senador Ted Cruz culpó a “las onerosas tecnologías impuestas por el gobierno y a las regulaciones medioambientales radicales” por el alza de precios. En este contexto, en México se analiza la posibilidad de imponer un arancel de hasta el 50% a los vehículos de países sin tratado comercial, como China. Esta medida, aunque no confirmada, ya está provocando que las marcas chinas de camiones y autos aceleren sus planes para producir localmente y así evitar un impacto directo en sus costos y precios finales, que según un análisis, podrían aumentar solo un 5% si las empresas absorben parte del arancel.











