El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un importante acuerdo con su homólogo chino, Xi Jinping, para una suspensión mutua de aranceles, marcando un punto de inflexión en las tensiones comerciales. El pacto, iniciado por una llamada telefónica de Xi, fue presentado por Trump como una victoria diplomática con beneficios inmediatos para los sectores agrícola y tecnológico de Estados Unidos. Según las fuentes, el acuerdo representa un alivio tangible para los agricultores estadounidenses, quienes habían sido duramente golpeados por meses de incertidumbre y precios deprimidos. El pacto incluye el compromiso de China de comprar millones de toneladas de soya, un salvavidas para una base política clave de Trump.
El presidente estadounidense utilizó su plataforma Truth Social para comunicar la noticia, describiendo la relación con China como “extremadamente fuerte” y asegurando que el acuerdo “solo mejoraría”. En el ámbito tecnológico, el pacto abrió una ventana inesperada al plantear la posibilidad de permitir a la empresa Nvidia vender chips avanzados de inteligencia artificial a China, una cuestión que, según el asesor Howard Lutnick, estaba “sobre la mesa”.
Este gesto sugiere una apertura en un sector considerado un terreno de competencia geopolítica fundamental. La maniobra fue interpretada como una concesión estratégica por parte de Pekín, que buscaba evitar una confrontación directa prolongada, especialmente tras haber anunciado semanas antes una suspensión temporal de los controles de exportación. Para Trump, el acuerdo funcionó como una narrativa de liderazgo decisivo, proyectando una imagen de arquitecto de la estabilidad económica mundial.
En resumenEl acuerdo arancelario entre Estados Unidos y China representa una desescalada estratégica que alivia a sectores económicos clave y sirve como un triunfo político para la administración Trump, aunque plantea nuevas dinámicas en la competencia tecnológica global.