El presidente estadounidense utilizó su plataforma Truth Social para comunicar la noticia, describiendo la relación con China como “extremadamente fuerte” y asegurando que el acuerdo “solo mejoraría”. En el ámbito tecnológico, el pacto abrió una ventana inesperada al plantear la posibilidad de permitir a la empresa Nvidia vender chips avanzados de inteligencia artificial a China, una cuestión que, según el asesor Howard Lutnick, estaba “sobre la mesa”.

Este gesto sugiere una apertura en un sector considerado un terreno de competencia geopolítica fundamental. La maniobra fue interpretada como una concesión estratégica por parte de Pekín, que buscaba evitar una confrontación directa prolongada, especialmente tras haber anunciado semanas antes una suspensión temporal de los controles de exportación. Para Trump, el acuerdo funcionó como una narrativa de liderazgo decisivo, proyectando una imagen de arquitecto de la estabilidad económica mundial.