Como respuesta, las empresas se vieron forzadas a transformar sus operaciones logísticas.

Temu, por ejemplo, suspendió los envíos directos desde China y comenzó a depender de inventarios almacenados en centros de distribución dentro de Estados Unidos.

El senador republicano Tom Cotton advirtió: “Sus productos ya no están ingresando libremente por los puertos.

Ahora están bajo jurisdicción estadounidense”.

Este cambio, sumado a escándalos legales y una creciente desconfianza pública en mercados clave, ha obligado a los gigantes chinos a replantear sus estrategias de expansión internacional.