Como respuesta, las empresas tuvieron que realizar cambios drásticos en su logística.

Temu, por ejemplo, suspendió los envíos directos desde China y comenzó a operar con inventarios almacenados en centros de distribución dentro de Estados Unidos.

Esta transformación operativa, aunque costosa, fue necesaria para adaptarse al nuevo entorno regulatorio.

El impacto económico ha sido significativo, con estimaciones que proyectan pérdidas de hasta 180 mil millones de dólares para el mercado de comercio electrónico estadounidense en 2025 debido a la nueva política arancelaria. Además, ambas empresas enfrentan un mayor escrutinio legal en Estados Unidos y Europa por temas de prácticas laborales, seguridad de productos y propiedad intelectual.