Según Ebrard, el desbalance comercial con Asia es insostenible, ya que México importa diez veces más de lo que exporta a esa región. Esta política forma parte del "Plan México", que busca sustituir importaciones e incrementar el contenido nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó la decisión, asegurando que no busca generar enemistad con ningún país y estimó que el impacto inflacionario será mínimo, de solo 0.2%, mientras que la recaudación podría alcanzar los 30 mil millones de pesos anuales. La aprobación en el Senado fue descrita como "fast track" y cubre 1,463 fracciones arancelarias con tasas que van del 5% al 50%.

La decisión ha generado reacciones internacionales; el Ministerio de Comercio de China advirtió que estas medidas podrían "socavar sustancialmente los intereses comerciales" y calificó la acción de "proteccionismo". El momento de la implementación es clave, ya que precede a la revisión del T-MEC programada para julio de 2026, lo que analistas interpretan como una señal hacia Estados Unidos en un contexto de presiones para reducir la dependencia comercial de China.