La industria automotriz mexicana, uno de los pilares de la manufactura nacional, se encuentra en el centro del nuevo paquete arancelario, con tarifas de hasta 50% sobre vehículos y autopartes importados de países asiáticos. La medida ha sido recibida positivamente por la industria establecida, que la considera una herramienta necesaria para equilibrar la competencia frente al notable incremento de importaciones. La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) expresó su total acuerdo con la decisión. Su presidente, Rogelio Garza García, aseguró que la medida fomenta un "piso más parejo" y da confianza a quienes invierten y generan empleo en México.
La justificación del gobierno se basa en cifras contundentes: las importaciones de autos ligeros crecieron un 34% en los últimos dos años, pasando de 349 mil a 627 mil unidades. Este contexto ha generado la pérdida de más de 300 mil empleos en el sector.
La AMIA descartó un impacto inflacionario significativo, argumentando que "la misma competencia autorregula los precios". Sin embargo, la medida llega en un momento de cautela para el sector. Juan Carlos López Villarreal, presidente del Consejo de Administración del Grupo Industrial Saltillo (GIS), señaló que la incertidumbre en torno a la próxima revisión del T-MEC en 2026 es un reto mayúsculo, y que la renovación del tratado es crucial para el futuro de la industria. Por su parte, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, mencionó específicamente a empresas como General Motors en Coahuila como una de las que se busca proteger con esta política.
En resumenLos nuevos aranceles al sector automotriz son vistos por la industria establecida como un paso necesario para garantizar una competencia equitativa ante el aumento de las importaciones asiáticas, brindando certidumbre a la inversión local. A pesar del respaldo, el sector mantiene la cautela debido a la inminente revisión del T-MEC, que será determinante para el futuro de las inversiones y la competitividad regional.