La dependencia de insumos importados, particularmente plásticos de origen chino, convierte las nuevas tarifas en una amenaza directa para su cadena de producción, competitividad y, en última instancia, para el consumidor final. El presidente de la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (AMIJU), Miguel Ángel Martín González, fue contundente al respecto: “Estamos totalmente de acuerdo con la política proteccionista, pero solo para aquellos sectores que sean autosuficientes, y la industria del juguete no lo es”. La reforma a la Ley de Impuestos Generales de Importación y de Exportación (LIGIE) establece un arancel del 30% a varios tipos de juguetes y tarifas sobre "plástico y sus manufacturas". Aquí reside la paradoja, ya que México no es autosuficiente en la producción de poliolefinas, un componente básico para los juguetes, y depende de las importaciones de China, pues Pemex solo produce una fracción de la demanda nacional. Esta situación, según la AMIJU, encarecerá los costos de producción y podría congelar inversiones, como el proyectado "Hub Juguetero" en Monterrey.

Esta perspectiva se alinea con la advertencia del senador Mario Vázquez, quien señaló que "el arancel es un impuesto adicional que terminan pagando los ciudadanos cuando compran un producto". La preocupación de la industria juguetera evidencia un posible conflicto en la estrategia gubernamental, donde la protección de un sector podría perjudicar a otro que depende del comercio exterior para su subsistencia.