Estas medidas no solo han distorsionado mercados clave como el automotriz, sino que también han contribuido a decisiones corporativas drásticas y a la persistencia de presiones inflacionarias que complican los objetivos de los bancos centrales. Una encuesta de la Reserva Federal de Richmond y Atlanta reveló que los aranceles encabezan la lista de inquietudes para los directores financieros de EE. UU., quienes anticipan un aumento promedio de precios del 4.2% en 2026, lo que podría dificultar el objetivo de inflación del 2% de la Reserva Federal. Este impacto se ha materializado en el sector automotriz estadounidense, donde las ventas de 2025 se vieron distorsionadas por la imposición de aranceles y la cancelación de incentivos a vehículos eléctricos, provocando que los consumidores adelantaran sus compras para evitar alzas de precios. El efecto de estas políticas trasciende las fronteras.

Volkswagen atribuyó en parte el cierre de su histórica planta en Dresde, Alemania, a los aranceles estadounidenses que redujeron sus ventas en ese mercado.

De manera similar, la empresa iRobot, fabricante de la aspiradora Roomba, se declaró en bancarrota citando, entre otros factores, un arancel del 46% sobre las importaciones desde Vietnam. Estas acciones han creado un entorno de cautela para inversionistas y empresas en México, quienes ven con preocupación la próxima revisión del T-MEC en 2026.