La política comercial de Estados Unidos se ha caracterizado por una "caótica formulación", con declaraciones contradictorias y la imposición y retiro de aranceles sin previo aviso, afectando productos como carne de res, tomates y arroz.
Esta situación genera una profunda incertidumbre para empresas de todo el mundo, las cuales deben navegar un panorama donde las reglas comerciales pueden cambiar abruptamente.
Directores financieros en Estados Unidos han expresado su preocupación, anticipando que los precios aumentarán en promedio un 4.2% en 2026 debido a estas presiones, lo que complica el objetivo de la Reserva Federal de controlar la inflación. El impacto de estas políticas trasciende las fronteras norteamericanas.
Un ejemplo claro es la decisión de Volkswagen de cerrar por primera vez una planta en Alemania, en Dresde, una medida atribuida en parte a la demanda inestable y a los aranceles estadounidenses que han afectado sus ventas. La compañía automotriz alemana, que ha lidiado con altos costos de energía y mano de obra, se vio "gravemente afectada por los aranceles del presidente Trump", lo que contribuyó a una pérdida de 1,500 millones de dólares en el último trimestre. Este caso ilustra cómo las decisiones tomadas en Washington tienen repercusiones directas en las cadenas de producción y en la estabilidad económica de otras potencias industriales, creando un clima de riesgo para la inversión y el comercio internacional.












