Las empresas han reportado pérdidas millonarias, cierres de plantas y tensiones logísticas como consecuencia directa de las tarifas impuestas por Estados Unidos. Volkswagen atribuyó parte de su pérdida de 1,500 millones de dólares en el último trimestre a los aranceles de Trump, una situación que contribuyó a la decisión histórica de cerrar su planta de producción en Dresde, Alemania, por primera vez en 88 años. La compañía, que también enfrenta una demanda inestable en China y Europa, esperaba que los costos relacionados con los aranceles superaran los 5,000 millones de dólares este año. Por su parte, Ford Motor anunció una amortización masiva de 19,500 millones de dólares y la cancelación de proyectos clave de vehículos eléctricos, como la F-150 Lightning. Esta decisión fue impulsada por una caída en la demanda de vehículos eléctricos tras la eliminación de créditos fiscales por parte de la administración Trump y la presión general de los aranceles. Toyota también ha señalado las “tensiones logísticas globales causadas por la imposición de aranceles” como uno de los principales desafíos que enfrentó en 2025 para mantener su posición como el mayor fabricante de automóviles del mundo. Estas medidas han obligado a los fabricantes a reevaluar sus estrategias de producción y cadenas de suministro, evidenciando la profunda interconexión y vulnerabilidad del sector ante políticas comerciales proteccionistas.