Esta medida busca reconfigurar el mercado automotriz nacional y proteger la producción local frente a la creciente competencia asiática. La nueva política arancelaria, que afecta a vehículos provenientes de China, India, Indonesia, Tailandia y Corea del Sur, ya está mostrando sus primeros efectos en el mercado. Según cifras de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), de enero a noviembre, la venta de autos de origen nacional repuntó un 5%, mientras que la de unidades importadas disminuyó un 1%. Específicamente, la comercialización de autos provenientes de China bajó un 2.4% y la de Tailandia un 13.5%. La analista Rosa María Rubio de Monex estima que esta tendencia continuará, anticipando que los precios de los vehículos afectados podrían incrementarse entre un 5% y 8%. Sin embargo, esta medida ha generado incertidumbre sobre la posible instalación de plantas de fabricantes chinos en México.
Eric Ramírez, director para Latam de Urban Science, considera que los aranceles no son una barrera suficiente para justificar una inversión que ronda los mil millones de dólares, y señala que los únicos escenarios viables serían la exportación hacia Norteamérica o Sudamérica. La primera opción es “muy poco probable, por la postura de Estados Unidos respecto a China”, mientras que en Sudamérica ya existen inversiones comprometidas en Brasil. Alberto Bustamante, de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz, añade que las marcas chinas están a la espera de la revisión del T-MEC en 2026 para tomar decisiones de inversión. Mientras tanto, una alternativa para estas marcas es mantener su presencia a través de alianzas con armadoras ya establecidas en México, como General Motors, Ford y Stellantis, quienes pueden importar vehículos libres de arancel hasta un equivalente al 10% de su producción anual.












