Ante la creciente importación de acero subsidiado proveniente de China, varios países de Latinoamérica, incluyendo México, Brasil y Colombia, han implementado medidas de defensa arancelaria para proteger sus industrias siderúrgicas. El sector denuncia una “competencia desleal” que amenaza empleos y la viabilidad de la producción local, en un contexto de sobrecapacidad productiva del gigante asiático. Según la Asociación Latinoamericana del Acero (Alacero), las importaciones representan casi el 40% del consumo de acero en la región, y China es responsable del 45.4% de ese volumen. La industria local argumenta que es imposible competir en igualdad de condiciones, ya que las empresas chinas se benefician de un “enmarañado de subsidios” estatales. Esta situación ha provocado graves consecuencias, como la pérdida de 20,000 empleos en el sector metalúrgico de Argentina y el cierre de la siderúrgica Huachipato en Chile. Como respuesta, los gobiernos de la región han comenzado a actuar.
México impuso aranceles de hasta el 50% a diversos productos de acero chinos y ratificó un gravamen general del 25% a las importaciones siderúrgicas desde agosto de 2023. Por su parte, Brasil adoptó un arancel del 25% hasta 2026, mientras que Colombia fijó tasas de entre 14.5% y 30% para proteger su producción.
La preocupación no se limita al acero como materia prima, sino también al “acero indirecto” contenido en productos manufacturados como vehículos y electrodomésticos, lo que es visto como un riesgo de “desindustrialización” para Latinoamérica.
En resumenLa masiva importación de acero chino subsidiado ha provocado una reacción proteccionista en cadena en Latinoamérica. Países como México, Brasil y Colombia han optado por imponer aranceles significativos para defender a sus industrias siderúrgicas de una competencia que consideran desigual y perjudicial para la economía regional.