Las marcas chinas se encuentran ante un dilema estratégico.
Por un lado, pueden absorber el costo adicional para mantener sus precios competitivos, lo que afectaría directamente sus márgenes de ganancia, que ya son bajos según reportes de la industria. Por otro lado, pueden trasladar el aumento al consumidor final, arriesgándose a perder el atractivo de precios asequibles que ha sido su principal ventaja. Éric Ramírez, director de Urban Science para América Latina y el Caribe, resume la encrucijada: “si deciden impactar todo el costo extra al precio, el volumen se va a caer… entre la marca y sus distribuidores podrían enfrentar algo (en costos), pero eso no es una condición sustentable o sana para seguir empujando por la adopción de la tecnología”. La decisión que tomen será crucial, ya que los aranceles llegan en un momento en que se esperaba una normalización de precios en el mercado tras las disrupciones de la pandemia. Ahora, se anticipa un incremento general de entre 6% y 8% para 2026, lo que podría desacelerar la venta de vehículos eléctricos y consolidar la preferencia por modelos híbridos o de combustión.











