Analistas y organismos empresariales coinciden en que la revisión del tratado no será un mero trámite. Se anticipa que Estados Unidos utilizará el proceso para presionar en temas sensibles como la seguridad, el combate al fentanilo, barreras no arancelarias, contenido regional en el sector automotriz y la contención de la inversión china en México. La ambigüedad del presidente Trump, quien ha mencionado la posibilidad de dejar vencer el plazo o buscar un nuevo acuerdo, aumenta la volatilidad. Esta incertidumbre ya está afectando las decisiones de inversión, con empresas adoptando una postura de cautela a la espera de mayor claridad. El sector automotriz es uno de los más expuestos. La industria, que ya enfrenta los aranceles de la Sección 232 sobre acero y aluminio, teme un endurecimiento de las reglas de origen, lo que podría encarecer la producción y afectar la competitividad regional. La revisión del T-MEC es vista no solo como una negociación comercial, sino como la materialización de la “Doctrina Donroe” de Trump, que utiliza las amenazas arancelarias como herramienta de presión geopolítica para subordinar las decisiones económicas de sus socios a sus prioridades estratégicas, como ya ocurrió en 2019. El resultado de este proceso definirá la viabilidad del modelo exportador que ha sostenido a la economía mexicana durante décadas.