Los mercados financieros globales experimentaron una semana de extrema volatilidad, con movimientos bruscos dictados casi en su totalidad por la cambiante retórica del presidente Donald Trump sobre la guerra comercial con China. Las amenazas de aranceles masivos provocaron caídas drásticas, mientras que un posterior tono conciliador impulsó una notable recuperación, evidenciando la fragilidad del sentimiento del mercado. El viernes, los mercados se desplomaron después de que Trump amenazara con un "aumento masivo de aranceles" del 100% sobre productos chinos, en respuesta a las restricciones de Pekín a la exportación de tierras raras. Este anuncio provocó una venta masiva de activos de riesgo, llevando al S&P 500 y al Nasdaq a sus peores caídas semanales en meses y hundiendo los precios del petróleo.
Sin embargo, el panorama cambió drásticamente durante el fin de semana.
Trump suavizó su postura en redes sociales, afirmando que "todo irá bien" y que Estados Unidos no buscaba "perjudicar" a China.
A esto se sumaron las declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien confirmó que las tensiones se habían reducido y que se esperaba una reunión entre los líderes de ambos países.
Esta moderación en el discurso fue el catalizador directo del fuerte repunte de los mercados el lunes. Henry Allen, de Deutsche Bank, señaló que las caídas del mercado actúan como un "freno consistente para los legisladores", sugiriendo que la presión de los mercados puede influir en las decisiones políticas.
En resumenLa semana demostró que la estabilidad del mercado global depende críticamente del impredecible curso de las negociaciones comerciales entre EE.UU. y China. Los inversionistas reaccionan de manera instantánea a cualquier cambio en la retórica, lo que subraya una profunda incertidumbre que persistirá hasta que se logre un acuerdo comercial definitivo.