Los inversionistas han optado por reducir su apetito por el riesgo, deteniendo rachas alcistas y esperando con expectación las nuevas proyecciones económicas del banco central.
Esta actitud prudente se manifestó claramente en Wall Street, donde los principales índices accionarios interrumpieron una racha de cuatro sesiones consecutivas de ganancias. La aversión al riesgo también se reflejó en el mercado de bonos, con los rendimientos del Tesoro a 10 años ubicándose en 4.15%. La expectativa generalizada es que la Fed anuncie un recorte de 25 puntos base; sin embargo, la atención está puesta en las proyecciones futuras. Analistas de Actinver señalaron que la actualización de pronósticos para la tasa de referencia, inflación, crecimiento y desempleo "será clave para justificar los niveles actuales de las empresas de tecnología y de los principales índices".
La cautela no se limitó a Estados Unidos; los mercados en Europa y Asia también mostraron movimientos mixtos y un comportamiento errático.
Este sentimiento global de espera ha influido directamente en los mercados emergentes, incluyendo el mexicano, donde el tipo de cambio ha mostrado volatilidad. La decisión y el tono que adopte la Fed son percibidos como el principal catalizador que definirá la dirección de los mercados en el corto plazo, cerrando un año de alta incertidumbre.











