Esta debilidad fue un factor clave que impulsó a otras monedas, como el peso mexicano, y reconfiguró las operaciones en los mercados financieros. El índice dólar, que mide el desempeño del billete verde frente a una canasta de seis monedas principales, descendió entre un 0.26% y un 0.44%, alcanzando un mínimo no visto desde el 19 de agosto. La caída fue una reacción directa a la percepción de que la Fed adoptaría una postura más acomodaticia de lo previsto. El mercado comenzó a descontar futuros recortes de tasas, lo que reduce el atractivo del dólar para los inversionistas que buscan rendimiento. Este debilitamiento de la divisa estadounidense fue el principal motor detrás de la fuerte apreciación del peso mexicano y otras monedas de mercados emergentes. Además, abarató el costo de las materias primas y los activos denominados en dólares para los compradores extranjeros, contribuyendo al sentimiento positivo en los mercados de valores de todo el mundo.