El metal precioso marcó récords históricos, con precios reportados que alcanzaron los 4,443.60 y hasta los 4,497.74 dólares por onza troy.

Este notable incremento se atribuye a una combinación de factores.

Por un lado, las crecientes tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y Venezuela han aumentado la aversión al riesgo entre los inversionistas, quienes tradicionalmente recurren al oro en busca de seguridad. Por otro lado, la expectativa generalizada de que la Reserva Federal de EE.

UU. mantendrá una política monetaria más laxa el próximo año, con posibles recortes de tasas, también apoya al metal dorado. Una política monetaria más flexible tiende a debilitar al dólar y a reducir el costo de oportunidad de mantener activos que no generan intereses, como el oro. Este nuevo máximo en el precio del oro no solo captó la atención de los inversionistas de commodities, sino que también actuó como un catalizador para las acciones de empresas mineras, que se vieron favorecidas ante un panorama de mayores ingresos.