A esta fractura interna se suma una complicación externa significativa: el cierre del gobierno federal estadounidense, que se ha prolongado por más de 40 días.

La propia Fed advirtió que esta parálisis administrativa “distorsionará” los próximos datos macroeconómicos, lo que dificultará la obtención de un “diagnóstico certero” sobre la salud de la economía. Esta falta de datos fiables complica enormemente la toma de decisiones del banco central, que depende de indicadores precisos para guiar su política. Como resultado, los inversionistas enfrentan un panorama incierto para el inicio de 2026, sin una señal clara sobre los próximos movimientos de la Fed, lo que explica el clima de prudencia en las últimas jornadas bursátiles del año.