Este desempeño se produjo en un entorno de volatilidad internacional y de un dólar debilitado.

El peso mexicano finalizó el año con una apreciación acumulada del 13.8%, su mejor resultado anual desde la instauración del régimen de libre flotación en 1994, superando incluso el notable avance del 13% registrado en 2023. La divisa cerró la penúltima jornada del año en 17.9959 unidades por dólar, manteniéndose por debajo del umbral psicológico de las 18 unidades a pesar de una ligera depreciación en la sesión. Este fortalecimiento se enmarca en un contexto de debilidad generalizada del dólar estadounidense, que cayó casi un 10% a nivel global durante el año. Además, el peso, junto con otras monedas de mercados emergentes como el real brasileño, demostró una notable resiliencia, ignorando el drama de la guerra comercial para registrar ganancias de dos dígitos. Analistas como Jonny Goulden de J.P. Morgan sugieren que este comportamiento podría marcar el fin de un ciclo bajista de 14 años para las divisas de mercados emergentes. La confianza de los inversionistas en la economía mexicana, sumada a los flujos de capital que buscan diversificación fuera de los mercados tradicionales, contribuyó a que el peso se posicionara como uno de los activos con mejor desempeño del año, reflejando un balance positivo para los activos mexicanos en un año de contrastes a nivel mundial.