El oro tuvo su mejor año desde 1979, mientras que la plata y el platino alcanzaron sus mayores avances históricos.

En un año de sorpresas en los mercados financieros, el complejo de metales preciosos brilló con luz propia. El oro al contado registró una subida de casi el 65%, su mayor avance anual desde 1979, un año marcado por la crisis del petróleo y la revolución iraní. El metal dorado alcanzó un pico histórico de 4,549.71 dólares la onza antes de retroceder ligeramente a 4,331.73 dólares al cierre del año. Este rally fue impulsado por una combinación de factores: recortes de tasas de interés por parte de la Reserva Federal, conflictos geopolíticos, una fuerte demanda de los bancos centrales y el aumento de las tenencias en fondos cotizados.

Sin embargo, la plata fue la verdadera protagonista, con un salto histórico superior al 151%, registrando su mejor año en la historia y superando con creces al oro. El platino no se quedó atrás, con una mejora anual del 127%, también la mayor de su historia, mientras que el paladio avanzó más del 78%, su mejor resultado en 15 años.

Estos impresionantes rendimientos convirtieron a los metales preciosos en uno de los valores preferidos tanto para inversionistas como para Estados que buscan seguridad financiera ante un entorno geopolítico incierto.