Este debilitamiento fue un factor clave que impulsó el desempeño de otros activos a nivel mundial. Por un lado, contribuyó directamente a la apreciación de otras divisas importantes; el euro se revalorizó cerca de un 14% y el franco suizo un 14.5%. Por otro lado, fue un catalizador para el fortalecimiento de las monedas de mercados emergentes, como el peso mexicano, que tuvo su mejor año desde 1994.

Además, la caída del dólar fue uno de los motores detrás del histórico rally del oro, que subió casi un 70%. Dado que el oro se cotiza en dólares, un dólar más débil lo hace más barato para los compradores que utilizan otras monedas, aumentando así su demanda.

Las causas de esta depreciación están vinculadas a los recortes de tasas de interés de la Reserva Federal, las críticas del presidente Trump al banco central y las crecientes preocupaciones sobre los niveles de deuda de Estados Unidos.