Las políticas comerciales agresivas de Trump no impidieron que las valoraciones de las acciones se mantuvieran altas.

Incluso activos de nicho mostraron movimientos extremos: el bitcoin alcanzó un máximo histórico superior a los 125,000 dólares para luego desplomarse, terminando el año con una caída cercana al 7%. Este entorno complejo demostró que los paradigmas tradicionales de inversión fueron puestos a prueba, con los mercados reaccionando de manera inesperada a un cóctel de estímulos, tensiones geopolíticas y disrupciones tecnológicas, dejando un panorama de incertidumbre de cara a 2026.