El West Texas Intermediate (WTI) para entrega en febrero subió 1.74%, a 58.32 dólares por barril, mientras que el Brent del Mar del Norte para marzo aumentó 1.66%, hasta 61.76 dólares.

Esta volatilidad refleja la dualidad de las expectativas del mercado. Por un lado, la posibilidad de que Estados Unidos y sus empresas reactiven la industria petrolera venezolana podría, a largo plazo, aumentar la oferta global y presionar los precios a la baja.

Sin embargo, a corto plazo, los analistas son escépticos.

Óscar Ocampo, del IMCO, explicó que la plataforma de producción de Venezuela es históricamente baja, entre 700 mil y un millón de barriles diarios, y que reconstruir la infraestructura “tardará años”. Esta percepción de que no habrá un cambio inmediato en la oferta, sumada a la tensión geopolítica, sostuvo los precios al alza. Los inversionistas concluyeron que, por ahora, el impacto en los flujos de crudo es limitado, lo que justificó el repunte final de las cotizaciones.