Este movimiento fue una respuesta directa a la creciente incertidumbre geopolítica generada por la intervención de Estados Unidos en Venezuela. El metal precioso avanzó un 1.80%, para cotizar en 4,460.45 dólares la onza, mientras los inversionistas buscaban proteger su capital ante la posibilidad de una escalada en las tensiones internacionales. La captura de Nicolás Maduro y la retórica de la administración Trump sobre posibles acciones en otros países de América Latina, como Colombia y México, mantuvieron inquietos a los mercados, impulsando la demanda de activos considerados seguros. La plata también se benefició de esta tendencia, registrando ganancias y ubicándose en 75.87 dólares por onza.
El alza en los metales preciosos se produjo en un contexto en el que el dólar estadounidense retrocedía, lo que generalmente favorece a las materias primas cotizadas en esa moneda. Este comportamiento del oro contrasta con la volatilidad observada en los mercados de acciones y petróleo, destacando su función tradicional de reserva de valor en tiempos de inestabilidad.









