El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, ha provocado una respuesta inmediata del más alto nivel del gobierno federal. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo convocó a una reunión extraordinaria del Gabinete de Seguridad para analizar la situación y coordinar las acciones institucionales. El homicidio de Carlos Manzo Rodríguez, ocurrido la noche del 1 de noviembre durante el Festival de las Velas en Uruapan, Michoacán, ha puesto de manifiesto la grave crisis de seguridad que enfrentan los funcionarios locales en México. Manzo, electo como candidato independiente en 2024, era conocido por su postura de “mano dura” y confrontación directa contra el crimen organizado, una estrategia que contrastaba con la política federal de “abrazos, no balazos”. En los meses previos a su muerte, el alcalde había hecho repetidos y urgentes llamados de auxilio a la presidenta Sheinbaum y al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, solicitando un refuerzo de la seguridad federal en su municipio. En un videomensaje de septiembre de 2025, Manzo declaró: “No quiero ser un presidente municipal más de la lista de los ejecutados”.
Tras el ataque, en el que un agresor fue abatido y dos más fueron detenidos, la respuesta del gobierno federal fue contundente.
La presidenta Sheinbaum convocó de manera urgente al Gabinete de Seguridad en Palacio Nacional, reuniendo a los titulares de la Secretaría de Gobernación, Defensa Nacional, Marina, Seguridad y Protección Ciudadana, y la Guardia Nacional. Esta acción subraya la gravedad del suceso y representa una prueba crítica para la estrategia de seguridad del gobierno, especialmente en una región tan afectada por la violencia como Michoacán. La muerte de Manzo, quien había retado a la presidenta a pacificar la región sin disparos, simboliza el desafío que el crimen organizado impone a la autoridad del Estado y la vulnerabilidad de quienes lo enfrentan desde el ámbito municipal.
En resumenLa convocatoria inmediata del Gabinete de Seguridad por parte de la presidenta Sheinbaum tras el asesinato del alcalde Carlos Manzo evidencia la seriedad del atentado. Este suceso pone a prueba la estrategia de seguridad federal y la capacidad del Estado para proteger a los funcionarios locales que combaten al crimen organizado en zonas de alto riesgo.