El Congreso de la Unión aprobó la nueva Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar los Delitos en Materia de Extorsión, una legislación que busca homologar los criterios de combate a este delito a nivel nacional y endurecer las penas. La medida ha sido respaldada por organizaciones empresariales como la COPARMEX de Tampico, que la consideran un paso necesario ante el grave impacto de la extorsión en comercios y transportistas. La nueva ley eleva las penas a rangos de 15 a 20 años de prisión, con la posibilidad de llegar hasta 30 años en casos con agravantes. Además, establece la obligación de instalar inhibidores de señal en los centros penitenciarios en un plazo de 180 días para combatir las extorsiones telefónicas desde las cárceles.
Sin embargo, la legislación ha generado una fuerte controversia. Un análisis crítico la califica como una "Ley de Censura", advirtiendo que su redacción ambigua podría ser utilizada para criminalizar la libertad de expresión. El artículo 15 de la ley sanciona a quien cause "un daño o perjuicio patrimonial, moral, físico o psicológico" a otra persona para obtener un beneficio. Críticos argumentan que esta disposición podría permitir que un funcionario público denuncie a un periodista o ciudadano por "daño moral" a causa de un meme, una fotografía o un video crítico difundido en redes sociales.
La pena, agravada por el uso de medios electrónicos según el artículo 17, podría alcanzar hasta 25 años de prisión. Esta dualidad de interpretaciones coloca a la ley en el centro de un debate sobre el equilibrio entre la seguridad y las libertades fundamentales.
En resumenLa nueva Ley General contra la Extorsión ha sido aprobada con el objetivo de fortalecer el combate a este delito, unificando criterios y aumentando las penas. No obstante, su ambigüedad en la definición de "daño moral" ha encendido las alarmas sobre su potencial uso como herramienta de censura contra la crítica al poder, generando un tenso debate sobre sus implicaciones para la libertad de expresión en México.