La nueva Ley General de Aguas, impulsada por el gobierno federal, entró en vigor el 12 de diciembre de 2025 tras su publicación en el Diario Oficial de la Federación. La legislación reglamenta el artículo 4° constitucional para garantizar el derecho humano al agua y redefine la gestión del recurso hídrico en México, buscando poner fin a su mercantilización. El objetivo principal de la ley es dejar de considerar el agua como un simple negocio y fortalecer la rectoría del Estado. Para ello, establece medidas estrictas contra el acaparamiento y la sobreexplotación de acuíferos. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) deberá implementar un programa específico para prevenir la concentración excesiva del recurso y erradicar el mercado negro.
La legislación introduce sanciones penales, como penas de hasta ocho meses de prisión por el traslado ilegal de agua, y endurece los castigos para servidores públicos que otorguen concesiones a cambio de beneficios personales, elevando las penas hasta 14 años de cárcel. Además, la nueva normativa limita la transmisibilidad de concesiones y asignaciones, permitiendo la reasignación solo en casos específicos como herencias o fusiones de empresas. El senador Ricardo Monreal destacó que la ley devuelve al Estado su papel rector en la gestión de recursos vitales, afirmando que “el agua pertenece a la Nación, no a los intermediarios”.
Las entidades federativas tendrán un plazo de 180 días para armonizar sus marcos jurídicos con esta nueva ley general, que también promueve una cultura del agua más inclusiva con perspectivas de género, interculturalidad y equidad.
En resumenLa nueva Ley General de Aguas, ya en vigor, prioriza el consumo humano sobre el mercantilismo, centraliza el control en la Conagua, impone severas sanciones penales por acaparamiento y corrupción, y obliga a los estados a adaptar sus legislaciones para garantizar un acceso equitativo y sustentable al recurso.