El Congreso de la Unión aprobó por unanimidad una reforma histórica que blinda la autonomía de los sindicatos de trabajadores al servicio del Estado. La nueva legislación sanciona severamente la injerencia de servidores públicos en la vida interna de las organizaciones gremiales. Considerada la “conquista laboral más importante del siglo XXI” para los trabajadores del apartado B del artículo 123 constitucional, la reforma fue impulsada por el senador y líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Alfonso Cepeda Salas. El cambio legislativo modifica la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado y la Ley General de Responsabilidades Administrativas para tipificar como faltas administrativas graves cualquier acto de un servidor público que interfiera en la vida sindical.
Entre las conductas sancionadas se incluyen presionar o amenazar a trabajadores para votar por una planilla, condicionar permisos o ascensos, utilizar recursos públicos para campañas sindicales o coaccionar el voto mediante programas sociales.
Las sanciones pueden ir desde la suspensión y destitución hasta la inhabilitación por 20 años y multas económicas. El senador Cepeda afirmó que la reforma garantiza que “nunca más el poder político sustituirá la voluntad de las trabajadoras y los trabajadores”. Recordó que durante los primeros procesos de elección con voto universal se registraron intentos de injerencia por parte de autoridades estatales, prácticas que ahora quedarán prohibidas.
La aprobación fue unánime en ambas cámaras, con 100 votos a favor en el Senado y 407 en la Cámara de Diputados, lo que demuestra un consenso político sin precedentes. El líder sindical señaló que el beneficio se extiende a todos los sindicatos del servicio público y adelantó que aún quedan pendientes otras reformas importantes, como la del sistema de pensiones y la derogación de la Ley del USICAMM.
En resumenEl Congreso de México aprobó por unanimidad una reforma de gran calado para garantizar la autonomía sindical en el sector público. La nueva ley prohíbe y sanciona la interferencia de funcionarios en los procesos internos de los sindicatos, estableciendo un precedente para la democracia laboral y la separación entre el poder político y las organizaciones de trabajadores.