Esta directriz afectará a turistas, inmigrantes con visa, trabajadores con permisos temporales y residentes permanentes (con 'green card'), quienes deberán proporcionar huellas dactilares, escaneo de iris y, en algunos casos, hasta muestras de ADN para identificación genética.

La medida, impulsada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), busca combatir amenazas terroristas, el uso fraudulento de documentos, la sobrestadía de visitantes y verificar la identidad de los viajeros. Los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) serán los encargados de tomar los datos en todos los puertos de entrada y salida, ya sean aéreos, terrestres o marítimos. La información genética y biométrica de los extranjeros se almacenará en bases de datos por un periodo de 75 años. Aunque se pretendía que la medida entrara en vigor a partir del 26 de diciembre, autoridades como Alberto Flores, jefe del Laredo Field Office, declararon no haber recibido aún instrucciones sobre cómo se aplicará en los cruces terrestres. La nueva regla ha generado temor entre los viajeros, particularmente en la comunidad mexicana.

Entrevistados por Excélsior mencionaron tener “desconfianza en el regreso” por el temor a ser juzgados por su aspecto físico o acento y ser deportados a pesar de tener sus documentos en regla.

Se anticipa que el nuevo sistema biométrico integrado de “entrada-salida” provoque demoras adicionales, revisiones más frecuentes y confusión inicial, especialmente para viajeros poco familiarizados con la tecnología.