Este nuevo organismo, que se llamaría Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC), sustituiría al actual INE y sus consejeros serían electos por voto popular.

Sin embargo, la reforma enfrenta un obstáculo significativo no en la oposición, sino en los propios aliados de Morena. Partidos como el del Trabajo (PT) y el Verde Ecologista de México (PVEM) han manifestado su resistencia, ya que su viabilidad política depende en gran medida de las prerrogativas y de los escaños plurinominales que la iniciativa pretende eliminar. Esta tensión interna ha llevado a que la reforma esté prácticamente “secuestrada” por las negociaciones, con el riesgo de que termine siendo una versión “descafeinada” que no toque los puntos más sensibles para evitar una ruptura en la coalición oficialista de cara a la llamada “superelección” de 2027.