La productora Rosa María Noguerón fue quien extendió la propuesta, un movimiento que se interpreta como una táctica clave para capitalizar la notoriedad que la modelo ha ganado, no solo por su triunfo, sino también por las controversias que lo han rodeado. Los textos señalan que el casting de celebridades es la "moneda más codiciada del formato", y la posible inclusión de la Miss Universo actual sería un golpe mediático significativo que garantizaría una alta expectación y audiencia. La estrategia del programa se centra en atraer personalidades que están en el centro de la conversación digital y mediática, y Fátima Bosch encaja perfectamente en este perfil. Su participación podría llevar las polémicas de su coronación, incluyendo las acusaciones de fraude y sus enfrentamientos con directivos del certamen, directamente a la dinámica del reality, generando contenido constante y debates entre el público. Este interés de la producción subraya cómo los reality shows se han convertido en una plataforma para que las celebridades gestionen su imagen pública, aclaren controversias o, simplemente, se mantengan relevantes ante una audiencia masiva.