En el pódcast de su excompañero Michael Rosenbaum, Mack ofreció su testimonio más personal hasta la fecha. Relató que, tras la detención de Raniere, pasó dos semanas aislada en un apartamento en México, sumida en la incertidumbre y la presión mediática.
“Tuve momentos de pensamientos suicidas”, admitió.
Describió un episodio crítico en el que salió a un balcón con la intención de saltar para que “todo terminara”. Sin embargo, lo que la detuvo fue la curiosidad por saber qué sucedería después.
“Sabía que mañana sería diferente. Así que necesitaba aguantar”, explicó.
La actriz también habló del miedo que sintió al regresar a Estados Unidos, enfrentando la posibilidad de ser condenada a 22 años de prisión o ser clasificada como delincuente sexual de por vida. La hostilidad mediática, con paparazzi fuera de la casa de sus padres, y la pérdida del “90% de su comunidad” agravaron su crisis. En medio de este panorama, Mack reveló que la principal razón para no quitarse la vida fue su madre: “Pensaba que si me suicidaba, lastimaría mucho a mi mamá.
No podía hacer eso. Así que por ella, no lo hice”.













